Entre calles

en

Las calles de esta ciudad me son más esquivas
día a día, como si fueran cómplices de mi desgracia,
me dirigen al mundo de las almas cautivas,
junto a las caídas por su eterna arrogancia,
calles angostas, que parecieran cerrarme el paso,
olvidadas, porque sus días han llegado al irremediable ocaso.

No hace falta caer en el infierno,
ni al abismo final de la dulce muerte,
que sumerge la existencia en el eterno invierno,
en la razón del sentir inerte,
tampoco, en el silencio y la privación de los sentidos,
en la ausencia de todos y de sus gritos, aquellos que lastiman mis oídos.

La existencia y su tenue sentido,
la razón de la vida, que se evapora y se hace niebla,
las razones de un corazón dolido,
y las letras hechas arma por el habla,
entre el desconcierto de la verdad;
los enemigos y amigos en la falsa y eterna complicidad.

Al andar, en un sin sentido siento que me hundo,
recorro las calles en la singular decisión,
y en este instante inercial, quiero un mundo menos mundo,
del que quiero olvidar su exclusión,
porque la vida dejo de ser vida,
gracias a toda la furia e ira en ella contenida.

Muere entonces, todo intento de entender quien soy,
es en si, una total falta de sentido,
donde el tiempo es solo la angustia del inmediato hoy,
y las sonrisas, la falsa expresión de un mundo fingido,
se me ha empujado al viaje sin retorno,
donde la existencia es simple e inútil, como todo lo que habita mi entorno.

Llega así la muerte, siempre presente, siempre contenida,
la muerte que en verdad, no llega al final,
cuando la conciencia se encuentra muerta en vida,
como semilla legada por el deseo infernal,
es así silenciosamente entre el sueño y el despertar,
que mi sentir añora al ser, por fin y de una buena vez, acabar.

 

iam@arthecrow.org

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