Una extraña casa tomada. La extrañesa de la obra o la rareza del autor

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Cuando Borges nos hablaba de la biblioteca infinita, no lo hacia referenciando el número infinito de libros que albergaba, ya que aunque por inmensa que pudiera parecer, poseía los limites de un conjunto de combinaciones finitas, Borges, se refería a la obra infinita, al libro que asume una nueva interpretación con cada lectura, la Biblioteca de Babel se hace más grande en la medida que se lee. Cada lectura trae consigo una nueva interpretación y lo es más aún cuando la obra hace parte de un universo incierto, llena de elementos difusos, que se reconstruyen muchas veces a partir del significado, de los símbolos que cada lector se siente libre a interpretar, es el caso de Casa tomada, la breve narración de Cortázar, quizás una de las más leídas y estudiadas de toda su obra; sin embargo las interpretaciones permitidas o no por el autor, no pueden escaparse más allá del mismo universo de la obra, quien a pesar de esa aparente libertad interpretativa, posee unos invisibles limites que se alzan como muralla.
Alrededor de Casa tomada, se han dado un incontable número de interpretaciones especulativas, se ha leído desde los diferentes escenarios de la crítica, desde el contexto cultural y político, desde la alegoría religiosa hasta al psicoanálisis; cada párrafo y diálogo parecieran contener en si, una enorme carga simbólica, que con cada lectura proyecta un nuevo rumbo para su interpretación, esta resignificación permanente, en términos de Blanchot sucede cuando “el escritor escribe un libro, pero el libro todavía no es la obra; […] la obra solo es obra cuando, gracias a ella, la palabra ser se pronuncia, […] es la intimidad de alguien que la escribe y alguien que la lee”. (Blanchot 16)
La lectura se deja ver como uno de los principales problemas en el orden de la recepción, no por el hecho de leer bien o mal, sino porque “la literatura circula de una cultura a otra, y uno no siempre sospecha las condiciones cognitivas que presiden las lecturas que se hacen de ella”, (Leenhardt 5) muchas de las experiencias del autor con las que nacen las obras son por completo ajenas al lector, no tiene de hecho que saberlas. Las diferentes lecturas de la obra han llevado a la construcción de conjeturas e interpretaciones que van desde una alegoría al peronismo, al aislamiento latinoamericano, a una recreación del mito del minotauro, pasando por la comparación con la expulsión del paraíso, a la relación incestuosa de los hermanos, para recaer en la propia lectura del autor, una reacción onírica, de espanto, al despertar de una pesadilla; aun así desde la visión de Borges “todas las formas tienen su virtud en sí mismas y no en un ‘contenido’ conjetural”.(Borges, Inquisiciones. 154)
La obra trae consigo esa pesada carga cultural de quienes la leen, no dejan de imaginar esa casa espaciosa y antigua, recrean e imaginan a Cortázar corriendo por sus pasillos, es posible que se pregunten por el lugar donde se gestó la obra y las experiencias con las que fue alimentada, son estas, por lo general totalmente esquivas del conocimiento del lector, “leer no es entonces obtener comunicación de la obra, es ‘hacer’ que la obra se comunique”. (Blanchot 187) El cuento describe el espacio en el que se desarrolla, la edad aparente de la vivienda y sus ocupantes, un gran compendio de detalles permiten imaginar el lugar, y aun así se deja evidenciados un sin número de agujeros dispuestos a ser rellenados por el lector, no es en sí un llamado de ayuda por parte del autor, César Aira lo explica como una ley fundamental de la realidad. “No se trata tanto de imprevisión o error de cálculo, ni siquiera de falta de imaginación, porque hasta la imaginación tiene sus limites”. (Aira 8)
Los límites de la realidad y la imaginación tienen entonces algunas propiedades poco flexibles, las lecturas e interpretaciones pueden moverse dentro de los linderos dados por el autor y la obra misma, el narrador de esta historia predefine esos espacios; “Irene y yo vivíamos siempre de esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble”, (Cortázar 133) en palabras de Eagleton citando a Hirsch, “puede haber un gran número de interpretaciones válidas, pero todas ellas deben moverse dentro del ‘sistema de las expectativas y probabilidades típicas’ que permiten el significado que pretendió el autor”. (Eagleton 87)
Pero ya Cortazar nos ha informado en otras instancias, que su narración no tenia un propósito diferente que el de expresar esa sensación de espanto producto de una pesadilla, es tal vez esto lo que nos genera ese alto grado de extrañeza, no podemos dejar de imaginar si la casa ha logrado manifestarse como lo narra el inicio de la historia, donde pone de manifiesto esa personificación del objeto. “A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos”. La casa adquiere voluntad, esto de por sí, ya es aterrador, posteriormente se hace más espantoso cuando Irene es informada por su hermano que se “han tomado la parte del fondo”, la rareza se hace más que evidente, ahora no es solo la casa, hay un plural que se apodera de los espacios de esta, no es claro saber cuantos son, ni lo que son, simplemente es un algo que los empuja, desplaza y obliga a salir de su casa, a escapar y quizás al único mecanismo que exista para mantenerse con vida.
Pensamos entonces lo que un desprevenido lector pueda sentir y pensar con estos elementos, Aira se refiere a ellos como la gente normal, se pregunta, se compara y cuestiona, cuando profundiza en su mundo interior; “Muchas veces me he preguntado en que ocupa su tiempo la gente normal, cuando a mí el trabajo de seguir con vida me ocupa hasta el último minuto, y apenas si me alcanza”. (Aira 26)
Podría definirse que esta lectura causa una gran extrañeza al lector, en palabras de Blanchot “lo que más amenaza la lectura es la realidad del lector, su personalidad, su inmodestia, su manera encarnizada de querer seguir siendo él mismo frente a lo que lee. […] La comunicación de la obra no reside en haberse vuelto por la lectura, comunicable al lector. La obra es en sí misma comunicación“. (Blanchot 187)
Las interpretaciones entonces estarán ligadas a los elementos que esta gente normal pueda autoreferenciar, en otras palabras, que el lector gracias a sus experiencias constituya la posibilidad de tener múltiples lecturas del mismo texto, incluso alejadas de la intención del autor. Así, este conjunto de nuevas interpretaciones termina haciendo de la obra un elemento aún más extraño, la presencia de tantos agujeros que rellenar y las múltiples posibilidades para hacerlo, resaltan la rareza de la obra, quizás porque como lo afirma Borges, en la literatura de hoy se esta buscando siempre “el énfasis, palabras definitivas, palabras que postulan sabidurías adivinas o angélicas o resoluciones de una más que humana firmeza”. (Borges, Discusión 62)
¿Que extraña voluntad entonces guía el camino de esta obra? Que, como Basilides1 en su “admirable idea: el mundo imaginado como un proceso esencialmente fútil […] la creación como hecho casual”, (83) es la misma voluntad que crea las posibles interpretaciones de un mundo como el que por un instante viven Irene y su hermano, en una temporal y tensa calma describen su estado: “Estábamos bien, y poco a poco empezamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar”. (Cortázar 135) Claramente no es necesario pensar para vivir, tampoco lo ha de ser para justificar cada detalle de la historia, si bien es posible pensar la creación como un hecho casual, toda interpretación posible de la obra carece de importancia general, solo es realmente significativa par aquel que la lee. No produce ningún cambio, cada interpretación de la historia, es a las otras, como Aquiles intentando dar alcance a la tortuga.
Ahora posiblemente nos preguntemos si realmente es la extrañeza de la obra o la rareza del autor lo que nos conmueve en esta narración, no podemos dejar de lado el apartado final; después de ser despojados de su hogar, lanzados a la calle, desplazados por una fuerza en apariencia sobrenatural, a la que incluso la misma casa fue incapaz de contener, el narrador tiene un último acto reflexivo: “Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada”. (136)
Bien sabemos por la misma historia que los hermanos poseen los recursos necesarios para no sufrir la perdida del lugar donde viven, se mantienen en esta casa más por los recuerdos familiares que desde sus bisabuelos se encuentran impresos en cada ladrillo y, por no permitir que sea derrumbada como acto del aparente desarrollo de las ciudades modernas, su permanencia en este lugar es ante todo sentimental, no existe una razón aparente del mundo de lo material, su conexión es metafísica, por lo que su aparente resignación y preocupación final al abandonarla, genera quizá la mayor sensación de rareza en toda la obra.
Aira describiría esta rareza del autor definiéndolo como artista: “Los artistas son gente bastante extravagante, pero yo diría que no es el arte el que los hizo raros, sino que la rareza los llevo al arte. O quizá hay un efecto recíproco”. (Aira 34) Son en sí, una suma de fuerzas equivalentes con signos contrarios, tan simple como la nada y simple porque no importa, la rareza de la obra nos cautiva, nos permite explorar toda posibilidad, no sentimos culpa de errar en la interpretación que nos proponemos, sigue igualmente siendo extraña, es esta sensación la que nos hace sensibles con la historia, en el fondo hacemos todo lo posible para conectarnos con ella, sin embargo no tiene sentido aparente intentar identificarse con alguno de los personajes, como tampoco intentar escapar mas allá de las murallas propuestas por el autor.

Referencias

Aira, César. Cumpleaños. México: Ediciones Era / Universidad Autónoma de Nuevo León, 2012. Impreso.
Blanchot, Maurice. El espacio literario. Barcelona: Paidós, 1992. Impreso.
Borges, Jorge Luis. Discusión. Madrid: Alianza, 1997. Impreso.
Borges, Jorge Luis. Inquisiciones. Barcelona: Debolsillo, 2011. Impreso.
Cortázar, Julio. Cuentos completos: 1. Bogotá: Punto de Lectura, 2008. Impreso.
Eagleton, Terry. Una introducción a la teoría literaria. México: Fondo de Cultura Económica, 1998. Impreso.
Leenhardt, Jacques. “El «saber Leer», O Modalidades Sociohistóricas de La Lectura.” Criterios 25.28 (1990): 54–65. Digital.

 

Jimmy Efraín Morales Roa (junio – 2014)

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