Repensar la identidad Latinoamericana, una mirada desde los estudios culturales

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La sola idea de reflexionar sobre la identidad ya es por si misma una idea compleja, la búsqueda de aquellas características comunes que relacionan a los individuos, y que aún más logra conectarles aunque la relación no sea aparente no es tarea sencilla, aún más allá, la reflexión me lleva a otro conjunto de preguntas, de las cuales en primera instancia quisiera abordar bajo el pensar la idea de Identidad Latinoamericana, si esta, ¿debería estar en algún lugar y bajo la tutela y responsabilidad de que grupo de personas?
En muchos escenarios se dibuja para responder este interrogante la idea del Intelectual, que para dejar de ser idea, debe en primera instancia ser definido, ya que como pensadores hacen parte de un tiempo y un lugar y de esto se desprende su visión crítica o benevolente de mundo. Sin duda aquellos intelectuales que cumplen con esta tarea de forma más evidente son los escritores, la literatura, parece ser la evidencia de estas acciones, es el resultado, la intención.
Este parece ser el propósito del intelectual, Gramsci (1997) en su obra Los intelectuales y la organización de la cultura. Nos recuerda que los seres humanos en general “son intelectuales, podríamos decir, pero no todos […] tienen en la sociedad la función de intelectuales, […] en realidad sólo se hace referencia a la inmediata función social de la categoría profesional de los intelectuales” (Gramsci, 1997, p. 7) nos habla del papel del intelectual y de su responsabilidad con la sociedad y la cultura, quien escribe, el escritor como tal, el intelectual tradicional, no actuá inocentemente, su obra debe reflejar su sentir, su apreciación del mundo y sus ideales como individuo perteneciente a esa sociedad, todo intelectual tiene algo que decir de su momento histórico; todas las obras son hijas de su tiempo.
Así, no se puede exigir en los mismos términos al intelectual latinoamericano, en comparación con su contraparte europea o norteamericana; sus preocupaciones distan de ser semejantes, la variada actividad intelectual no sólo esta relacionada con el que hacer, también desde donde se realiza; el intelectual urbano difiere del rural, tanto en sus preocupaciones como en la forma en que percibe el mundo, de igual forma, cada una de las naciones de nuestra América en diferentes épocas ha narrado una historia propia. Gramsci describe las características del intelectual latinoamericano enraizadas en dos categorías intelectuales tradicionales, una es el clero y la otra una casta militar, ambas derivadas de la estrecha relación con Europa. Donde los elementos laicos y burgueses, no han logrado llegar a la consolidación de su sociedad en el marco de una política laica, característica del Estado moderno, en otras palabras, continua en un estado de lucha cultural. Dice Gramsci sobre América Latina:

la mayor parte de los intelectuales son de tipo rural, y como predomina el latifundio, con extensas propiedades eclesiásticas, estos intelectuales están ligados al clero y a los grandes propietarios. La composición nacional está muy desequilibrada también entre los blancos, pero se complica por las masas cuantiosas de indígenas que en algunos países son la mayoría de la población. (Gramsci, 1997, p. 15)

Esta sin duda es la visión compartida por muchos intelectuales de Europa sobre las características de nuestra América de inicios del siglo XX, son por naturaleza descripciones que evidencian nuestra conexión común como colonias, es posible que de esta misma visión se desprendieran las reflexiones de Fernández Retamar sobre su búsqueda por definir una identidad cultural latinoamericana.. Su interpretación reflejada en Cáliban personaje Shakespiare en la Tempestad, no se aparta de una realidad salvaje que desde la visión de Retamar prevalece incluso entrado el siglo XXI.
Si ya Gramsci ha elaborado un conjunto de características que evidencian los intelectuales de nuestra América, y Retamar ha comparado el personaje de la Tempestad con los habitantes de la misma, no queda sino por evidenciar estas características en la literatura.
Cáliban se muestra como un ser temeroso y vulnerable ante las artes mágicas de Prospero, sin intentar poner en tela de juicio estas habilidades, es más significativo el carácter supersticioso que presenta, siempre con miedo ante el poder manifiesto, el salvaje, se encuentra inmerso en el poder de los dioses del pasado, impotentes ante los nuevos, esta atado a un territorio del que no se puede desprender, pareciera que la única conexión con su esencia esta en su isla, es su único universo conocido, es el sometimiento en su territorio, reflejo de la conquista y la imposición cultural, hacen parte de la memoria de todos los habitantes de este territorio, han pasado siglos y aún no deja de producir profundos resquebrajamientos en la forma en que nos vemos y observamos el resto del mundo.
Shakespiare, muestra esa condición en Cáliban: “Aquí me has reducido en esta dura roca y aquí me vas robando lo que queda de mi isla” (Shakespeare, 1994, p. 149). La imagen mostrada en La tempestad y resaltada por Retamar, es la de la dominación, la imposición de todo contexto cultural y la aniquilación de las propias costumbres, así no es de extrañar que las revoluciones que han acompañado nuestros territorios, este impregnadas por el grito de resistencia, por el empeño sincrético de proteger lo poco que queda de una identidad milenaria, pero que se ha dejado llevar por por el sendero la lo absolutamente superficial, ¿cómo pueden entonces dos fragmentos literarios de diferentes tiempos, lugares y en si, de universos tan distantes coincidir? Cáliban se ha dejado seducir por la alucinante sensación del licor: “Juro por esta botella que seré tu fiel siervo, pues el licor que contiene es licor celestial”(1994, p. 243). El mismo efecto que abandona al individuo de su realidad es la droga que evade a los indios en Huasipungo, novela ecuatoriana de principios del siglo XX, aquí es imposible no relacionar a la población indígena con Cáliban, Icaza relata algunos pasajes de los indios en los que el licor se encuentra presente: “a la sombra de ese entretenimiento narcotizaste, exaltado por el guarapo y por el aguardiente, nadie se preocupo por el derrumbe de la loma donde murieron tres indios y un muchacho” (Icaza, 1994, p. 175).
Las formas políticas y las estéticas chocan en Latinoamérica a comienzos del siglo XX, en el Ecuador como en otros países de la región, los intelectuales empiezan a fijar su atención y a construir una narrativa realista de las preocupaciones sociales, en 1926 se había formado el Partido Socialista del Ecuador, y las vanguardias coincidieron con el fenómeno insurgente hacia 1919, el descontento social se vería reflejado en formas artísticas dedicadas a las masas, que se decantaría en obras con un fuerte componente indigenista. Teodosio Fernández en su introducción a La obra literaria de Jorge Icaza, habla de las obras de la época: “Eran obras relacionables con una corriente nativista que abogaba por una arte propio, y afectaba en buena medida a las propias manifestaciones de la vanguardia y a sus representantes más destacados” (Icaza, 1994, p. 19).
El escritor Jorge Icaza provenía de las clases medias urbanas, beneficiado de las reformas liberales que le otorgaron una educación gratuita y laica, pero que al mismo tiempo le impedían acceder al poder político, por lo cual encontró en el arte y la literatura una forma de manifestar su sentido de protesta, Teodosio Fernández, hace referencia a una búsqueda por parte de Icaza, “de causas eficaces para la protesta contra los poderosos. […] los problemas inconfesables de las clases acomodadas […] y la atención hacia las verdades ocultas” (1994, pp. 24,25); temas que se harían recurrentes en el desarrollo de su obra como intelectual tradicional; en 1933 publicaría seis cuentos bajo el nombre de Barro de la sierra, en los que narraría la forma violenta y los abusos cometidos por los poderosos de la ciudad, a los campesinos e indígenas de las zonas rurales.
Así como la novela de Icaza nos muestra la realidad de los indígenas del Ecuador a principios del siglo XX, la literatura a lo largo del continente, da fe y cuenta las mismas formas de dominación y resistencia.
Retamar por su parte pone en evidencia el papel determinante que tienen los territorios de América Latina en el periodo posterior a la gran guerra.
Aquí llamo la atención en pensar el conflicto de la guerra mundial, no como dos guerras libradas principalmente en Europa, la quiero referenciar como un gran conflicto de que tardo treinta años, y que tras su finalización dejo un mundo fragmentado y en duelo, un primer mundo capitalista, un segundo movido por las ideas socialistas y un tercer mundo indeciso, como la presa vista por dos diferentes aves de rapiña, por dos nuevos colonizadores. He aquí el porque la identidad latinoamericana que busca Retamar se encuentra en el mismo sentido que los deseos anticolonialistas que puedan ofrecer los intelectuales latinoamericanos. “No pienso ahora en estudiosos más o menos ajenos a nuestros problemas, sino, por el contrario, en quienes mantienen una consecuente actitud anticolonialista.” (Fernández Retamar, 2004, p. 34).
¿Cómo definirnos entonces como latinoamericanos? Sin duda la primera característica que nos hace latinoamericanos es nuestra condición de mestizos, pareciera que esta condición irremediablemente nos conecta con Europa, lo que ya nos coloca al mismo tiempo como parte del estadio colonizador; No podemos ver con los mismos ojos que el indígena el territorio, ellos observan toda su cosmología, aún así no dejan de ser hoy en día seres apartados de la condición de latinoamericanos, el pensamiento propio de esta tierra sigue siendo minoría y en estado marginal.
Nuestra condición mestiza y haber sido colonia europea nos coloca en un contexto aparentemente homogéneo, al menos en lo relacionado con la lengua, aunque esta característica como otras tantas debe ser replanteada a la luz de este nuevo milenio, donde el reconocimiento de nuestra existencia, se empieza a replantear, ejemplo de ello es la afirmación de Christopher Domínguez Michael hablando de su libro: Octavio Paz en su siglo: “Sin Latinoamérica, el español sería una pequeña lengua europea” (“Christopher Domínguez Michael: LA TERCERA,” n.d.).
El reconocimiento de América Latina, llevará al reconocimiento de la existencia de una identidad latinoamericana, sólo dejando de lado la actitud sumisa del conquistado, y proponiendo debates trascendentales como lo vienen haciendo algunos países de la región, en aspectos culturales, políticos y económicos, podremos reconocernos. No deja de ser lamentable que la idea de latinoamericanos no nace en nuestro territorio, por el contrario, es la denominación que los pueblos de otros continentes han empleado para identificarmos.
Así, que la condición de identidad latinoamericana ha estado y seguirá en formación, no queda más que manifestar que dicha identidad se creará a partir de nuestras reflexiones del mundo, allí donde nuestro papel como intelectuales nos llame a manifestar nuestra opinión, nuestra identidad será la construcción de nuestro modelo de pensamiento, siempre atento a lo que en nuestro tiempo y espacio manifieste, y nuestras voces sean el reflejo de un sentir colectivo.
Para concluir citare aquí la última parte de la carta enviada por Cortazar a Roberto Fernández Retamar, carta aparecida originalmente en Casa de las Américas, Nº 45 (1967) y luego en “Último Round”, de Julio Cortázar:

En lo más gratuito que pueda yo escribir asomará siempre una voluntad de contacto con el presente histórico del hombre, una participación en su larga marcha hacia lo mejor de sí mismo como colectividad y humanidad. Estoy convencido de que sólo la obra de aquellos intelectuales que respondan a esa pulsión y a esa rebeldía se encarnará en las conciencias de los pueblos y justificará con su acción presente y futura este oficio de escribir para el que hemos nacido. (Cortázar, 2004, p. 59)

Referencias
Christopher Domínguez Michael: “Sin Latinoamérica, el español sería una pequeña lengua europea” | Cultura | LA TERCERA. (n.d.). Retrieved May 19, 2015, from http://www.latercera.com/noticia/cultura/2015/05/1453-630327-9-christopher-dominguez-michael-sin-latinoamerica-el-espanol-seria-una-pequena.shtml
Fernández Retamar, R. (2004). Todo Caliban. (F. Jameson, Ed.). Ciudad de Buenos Aires, Argentina: CLACSO.
Gramsci, A. (1997). Los intelectuales y la organización de la cultura. Buenos Aires: Nueva Visión.
Icaza, J. (1994). Huasipungo. (T. Fernández, Ed.). Madrid: Cátedra.
International Gramsci Society. (n.d.). Retrieved May 2, 2015, from http://www.internationalgramscisociety.org/
Shakespeare, W. (1994). La tempestad. (M. A. Conejero, Ed.). Madrid: Cátedra.

Jimmy Efraín Morales Roa (mayo – 2015)

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